Estas imágenes forman parte de una serie de retratos de personajes inanimados que residen en la Ciudad de México, que en la mayoría de las ocasiones pasan desapercibidos a las miradas de los transeúntes, son habitantes sin nombre .Ocasionalmente se vuelven parte de una acción-performance por momentos involuntaria y en otros instantes son reflejo del humor y la picardía, característica de los habitantes de la ciudad.
El humor es una característica de identificación del mexicano, ese constante estado de desenfado, libre de todo prejuicio, que identifica a la muchedumbre de nuestro país le permite a nuestra sociedad apropiarnos y darles vida a nuevos personajes que acompañen nuestro transitar de todos los días.
Terminar con el anonimato de los personajes y seres silenciosos que fijamente contemplan nuestro caminar inmerso en la costumbre y la cotidianidad. La irónica decadencia que existe en la sociedad, representada por la prospera y turística imagen de” arte la bella”, en contraste con “la chula”, propaganda de una llantera en iztapalapa; “héroe citadino” endeble por naturaleza expuesto a la furia de los automovilistas, realidad de nuestras arterias. Y están los otros héroes: los intangibles, los de ilusión, los taquilleros en los que nadie debe dejar de creer. A su vez se hacen presentes los guerrilleros, iconos de la sociedad siempre subyugada junto con las víctimas de este estado social y cultural.
Esos son nuestros personajes, hijos anónimos de la patria, los que no pertenecen al padrón electoral, entes misteriosos que surgen de una evolución espontánea, seres que habitan en nuestras calles y en nuestras vidas, que pertenecen al mundo real y a la fantasía vivida.
Juan José Ochoa
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